Inflamables,
tus palabras prenden
en algún recuerdo cercano a las llamas.
en algún recuerdo cercano a las llamas.
Acércate, quema mis labios con tu lengua.
Y que, fundida, tu saliva descienda por mis entrañas.
Aviva con tu aliento las llamas;
que jamás se extinga el fuego de mis recovecos;
que incinere los despojos de las noches amargas.
Apoya tu mano en mi pecho, quémate los dedos,
siente la combustión continua en este nuevo crisol.
Escucha el borboteo de mi sangre en ebullición.
Y el rugido de su descenso hasta mi vientre,
donde aguarda en vilo un molde con tu nombre.
Y entonces, sólo tú y sólo yo.
Y todo se hará fuego.
Y rojo a media voz.
