Al amanecer, cuando la luz desperece, subiré a la cima de la colina. Ascenderé hasta lo más alto, allí donde nunca me atreví a pisar. Mis huellas dejaré marcadas en la tierra, para que los escépticos vean hasta donde conseguí llegar. Mis huellas. Mi camino.
Al amanecer, cuando el viento bostece, allí te esperaré. Contemplaré tu ascenso, tu cadencioso caminar. Sonriendo, veré tu vestido danzar al son de tus pasos. Y tu pelo abrazará tus dedos mientras ríes al tropezar. Y las prímulas agradecerán tu roce, tu fragancia. Reiré tu gracia al levantar. Viviré tu júbilo. Viviré.
Al amanecer, cuando el sol nos encuentre, libres nos hallará de indecisiones. Tú y yo, abrazos y besos, ojos y labios. Corazón. Alma. Nuestro amor tallaremos en el roble. Y junto a los nombres confesaré mis inquietudes muertas. Y te hablaré sin miedo a las palabras. Y te escucharé sin apartar la mirada.
Al amanecer, cuando esta afligida luna pase..., tal vez. Ahora siempre será ahora, no hay retorno posible. Se ahogan mis deseos en una apagada respiración. Mi vida late en susurros. Y sé que mis latidos siempre fueron lentos, demasiado lentos. ¡Qué daría yo por cambiar su leve intensidad!¡Qué daría por vivir una sola de mis ilusiones olvidadas!¡Qué daría por alzar la voz sin temblor!
Al amanecer, cuando tus lágrimas despierten, yo estaré muerto.
Al amanecer, cuando el viento bostece, allí te esperaré. Contemplaré tu ascenso, tu cadencioso caminar. Sonriendo, veré tu vestido danzar al son de tus pasos. Y tu pelo abrazará tus dedos mientras ríes al tropezar. Y las prímulas agradecerán tu roce, tu fragancia. Reiré tu gracia al levantar. Viviré tu júbilo. Viviré.
Al amanecer, cuando el sol nos encuentre, libres nos hallará de indecisiones. Tú y yo, abrazos y besos, ojos y labios. Corazón. Alma. Nuestro amor tallaremos en el roble. Y junto a los nombres confesaré mis inquietudes muertas. Y te hablaré sin miedo a las palabras. Y te escucharé sin apartar la mirada.
Al amanecer, cuando esta afligida luna pase..., tal vez. Ahora siempre será ahora, no hay retorno posible. Se ahogan mis deseos en una apagada respiración. Mi vida late en susurros. Y sé que mis latidos siempre fueron lentos, demasiado lentos. ¡Qué daría yo por cambiar su leve intensidad!¡Qué daría por vivir una sola de mis ilusiones olvidadas!¡Qué daría por alzar la voz sin temblor!
Al amanecer, cuando tus lágrimas despierten, yo estaré muerto.
Jesús Mª Rodríguez Ojeda
Imagen: "Job", 1944
Francis Gruber, 1912-1948
Francis Gruber, 1912-1948


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